Muerte de mujeres: la fase final de la violencia de género

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(El maltrato a la mujer es penalizado en Colombia. Foto. Arhivo Internet)

Van tres damas muertas violentamente este año en el Huila, y las autoridades creen que entramos a una época de matanza, diferente de la de los pescozones, zarandeos e insultos a manos de los varones.

LUIS F. AMÉZQUITA P.

El ataque creciente contra las mujeres, hasta causarles la muerte, entró en estado de alerta roja después que los expertos concluyeran la presencia de una temporada terminal en que las damas tienen más riesgo de perder la vida que antes, según fuentes oficiales. Cualquier síntoma de celos irrefrenables en la pareja debe ser denunciado ante las autoridades competentes, pues está en juego la vida de la posible víctima, en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque suena parecido a la matanza de líderes sociales –con una buena cuota de lideresas- , el exterminio de ellas se surte desde la noche de los tiempos. Incluso, en las culturas milenarias de América se replica el mito de la castración, por el cual se piensa que la hembra tiene fauces en la vagina y grandes colmillos con los que puede desaparecer un miembro erecto de un solo mordisco. La única contra conocida en el mito habla del murciélago vampiro, el ‘horrible’ bicho capaz de enfrentarse a la mujer para despojarla de esas prominencias sexuales.

El quiróptero hematófago es respetado por ello en todo el continente americano, incluso se le rinde culto, una especie de tributo de admiración. Sin embargo, el hombre ganadero lo llevó al borde de la extinción luego de matarle las presas de su cadena alimentaria y perseguirlo por atacar al ganado. En el Huila hace presencia este exótico animal. Y ni que decir de las referencias bíblicas y proféticas sobre el particular. La mujer sale mal librada y hasta sin alma…

Resignación

La mujer venía acostumbrada al maltrato desde niña, por parte de abuelos, tíos, padres. Lo más leve que le podía pasar era ser accedida carnalmente. Debía darse por bien servida si sólo era desflorada en el silencio de su hogar.

Pero existen excepciones a la regla en el caso de núcleos familiares dados a la bondad y al respeto, con férrea formación y sin antecedentes de violación en otras épocas, como para repetir los abusos contra sus propios descendientes. Esas personas hoy no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos en la prensa: la violación de bebés en una tenebrosa escala hasta los cuatro años.

Unas décadas después la mujer se enfrenta a un marido potencialmente asesino, un individuo trastornado al parecer por las modas actuales (aunque la fuente consultada afirma que no existe relación alguna de la vida social con esos acontecimientos de sangre) de la misoginia (odio), de la discriminación y de la frivolidad, del entretenimiento que convierte a las mujeres en objeto sexual, de la música chatarra, de los sicoactivos disponibles en la oferta interna, del dinero fácil y de la vida suntuaria.

Sociología pública

Tratando de encontrar respuestas, abordamos a Herlinda Villarreal, socióloga de la U.N. y portavoz del programa Mujer y equidad de género del municipio de Neiva. La vocera oficial asegura que la información sobre el tema no tiene censura en la ciudad, y que sí trasciende al país cuando se registra localmente, aunque sea de carambola. Reconoce un sub-registro de esos hechos luctuosos, por varias circunstancias que concurren al anonimato.

Existe el pálpito de sectores educativos locales en el sentido de señalar algunos intentos oscuros para que no se sepa sobre la muerte de mujeres en el Huila por la acción perversa de su círculo más íntimo, tal vez previendo negocios de inversionistas que reproduzcan el capital aquí, sin prevenciones de un orden público amenazante, degradante. Dice que sobre el fenómeno, la institucionalidad aboga por generar información y comprensión y urge la toma de medidas de prevención, a partir de que la mujer comprenda su condición de vulnerabilidad, denuncie y sea protegida de inmediato. El asunto no da espera. Ella tiene que reconocer el peligro mediante un  sistema de alertas tempranas, aunque se sienta todavía subestimada por la sociedad y la justicia. Requiere, entonces, una buena dosis de sensibilidad de su parte para manejar la comprensión de la realidad frente a los alcances del agresor: “ese hombre puede matarnos”, dice la socióloga, y habla de una violencia naturalizada como regla inmodificable de la vida.

La no repetición

Se presume que la continuidad histórica del ataque sistemático contra las mujeres podría develarse en el Huila, con nombres propios, a través de la legislación actual, pero su efecto terminaría con la construcción de miles de cárceles para un encierro masivo de machos criminales. Podría pensarse que las mujeres quedarían sin marido conocido, en desarrollo de una especie de huelga sexual, de un aparente regreso al cinturón de castidad impuesto por los jueces con los barrotes de la prisión, toda vez que la legislación consagra múltiples agravantes. El solo hecho de manosear a una niña puede dar hasta 12 años tras las rejas, al tenor de las sentencias conocidas en los últimos años.

Con información de opanoticias.com

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